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Ayni

  • Foto del escritor: Dominga
    Dominga
  • 3 feb
  • 1 Min. de lectura

Nos enseñaron que amar era dar,

dar sin esperar,

dar, aunque no vuelva.


Y muchos lo creímos.

Regamos vínculos como quien riega plantas ajenas,

con dedicación,

con constancia,

con la idea de que, si cuidábamos lo suficiente, algo florecería.


Pero hay relaciones que existen mientras alguien las sostiene.

Y cuando dejas de regar,

algo se revela.


No es demasiado pedir que el gesto vuelva,

que el cuidado circule.


El Ayni habla de eso: de lo que va y viene,

de lo que se mueve para no agotarse.


Porque cuando todo fluye en una sola dirección,

algo empieza a vaciarse.


Y lo que se vacía,

tarde o temprano,

se apaga.



 
 
 

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