Brisas
- Dominga

- 10 feb
- 1 Min. de lectura
Actualizado: hace 10 horas
Porque el duelo no vive solo en la cabeza,
vive en la piel.
Vive en lugares que activan memorias
sin pedir permiso.
En la temperatura del viento,
en el espacio exacto donde antes había un abrazo,
y ahora hay aire.
Lo más difícil no es el recuerdo,
es la sensación.
Es descubrir que el cuerpo guarda
más de lo que uno quisiera.
Que a veces se nos aprieta la garganta,
aunque todo ya esté saldado.
Lo sabio es que cuando la memoria aparece,
podemos elegir cómo sostenerla,
podemos dejar que nos quiebre
o podemos recordarla con la esencia que tuvo.










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